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Hay una frase que muchísimas personas piensan pero pocas se atreven a decir en voz alta y que es:
"Quiero a mi pareja... pero ya no siento lo mismo."
Y cuando aparece este tipo de pensamiento, suele venir acompañado de culpa, y a veces, mucha culpa...
No estás hablando de una relación cualquiera, estás hablando de alguien con quien has compartido años, rutinas, proyectos, intimidad, hijos quizá, una vida entera emocionalmente construida. Y aun así, algo ha cambiado dentro de ti.
Ya no sientes la misma emoción al verle llegar.
Ya no esperas igual sus mensajes.
Ya no recuerdas tanto las fechas importantes para celebrarlas o no las preparas de la misma manera.
Ya no hay la misma ilusión, la misma intensidad o las mismas ganas de compartir.
Y entonces empieza el conflicto interno:
Este tipo de dudas desgastan muchísimo porque no solo afectan a la pareja, afectan a tu identidad, a tu día a día, a tu historia y a la imagen que tenías de la vida.
Esta es una de las grandes dudas en las relaciones largas.
Muchas personas creen que si ya no sienten "mariposas" , entonces el amor se terminó. Pero no es así...
El enamoramiento y el amor no son lo mismo.
El enamoramiento tiene mucho de intensidad, novedad y activación química.
Según la antropóloga biológica Helen Fisher (2004), durante esta etapa se activan en el cerebro sustancias relacionadas con la recompensa y la euforia, similares a las que intervienen en ciertos procesos adictivos. Es por eso que al principio:
Pero, si lo piensas bien y eres realista, ninguna relación puede sostener eternamente ese estado.
El amor adulto y consciente evoluciona hacia otro lugar:
Y esto es un proceso de adaptación en el que puede ocurrir que muchas personas lo interpreten como una pérdida de amor cuando en realidad es una transición natural. En realidad lo que terminó fue la fase inicial del enamoramiento.
Pero aquí tengo que decirte que a veces, no es solo eso.
Hay relaciones en las que no solo ha bajado la intensidad, lo que se ha perdido es el vínculo. Y eso es muy distinto.
A veces la convivencia se llena de:
Y, poco a poco, sin darte cuenta, dejas de sentirte emocionalmente conectado/a. No porque haya una gran pelea, no porque haya dejado de ser buena persona, sino porque la relación dejó de alimentarse, dejó de cuidarse (quizás dándolo por hecho).
Eso puede generar una tristeza muy difícil de explicar.
Porque te pasa que quieres a esa persona , la quieres de verdad, pero ya no te sientes vivo/a dentro de la relación.
Y aquí entras en una de las partes más incómodas de aceptar. Y no sabes qué hacer...
A veces lo que te hace quedarte no es amor profundo. Es apego.
Es miedo a romper la historia construída.
Miedo a arrepentirte.
Miedo a hacer daño.
Miedo a empezar de cero.
Miedo a quedarte solo/a.
Y también, por supuesto, costumbre.
Cuando llevas mucho tiempo con una persona, la relación se convierte en parte de tu identidad. Y cuestionar eso puede hacerte sentir como si cuestionaras toda tu vida.
Es por eso que muchas personas permanecen años y años intentando recuperar un sentimiento que desapareció hace ya mucho tiempo.
Y no es porque no amen, sino porque no saben diferenciar:
Te diré que no hay una fórmula exacta pero sí hay preguntas clave que pueden ayudarte a mirar con más honestidad lo que pasa:
Y, quizás, la pregunta más importante de todas sea:
"Si esta relación siguiera exactamente igual durante los próximos cinco años... ¿sería feliz?"
A veces la respuesta duele pero también escucharla puede ser el inicio de algo mucho más verdadero.
Cuando aparecen estas dudas, muchas personas reaccionan de forma impulsiva alejándose, buscando fuera lo que no encuentran dentro o forzando sentimientos que ya no están.
Antes de decidir si tu relación debe terminar, hay algo a tener en cuenta: da espacio a la verdad.
No tengas prisas.
No cedas al miedo.
No te sometas a la culpa.
A veces una relación lo que necesita es reconstruirse de otra manera:
Y, otras veces, lo más honesto será aceptar que el amor cambió y que mantener la relación solo desde el miedo a lo que puede venir acaba rompiendo lentamente a ambos.
Ninguna de las dos opciones es fácil, pero seguir anestesiando lo que sientes tampoco lo es.
Hay parejas que se aman pero llevan tanto tiempo desconectadas que ya no saben cómo reencontrarse. Y también hay relaciones que terminan emocionalmente mucho antes de terminar oficialmente.
Por eso no se trata solo de que te preguntes:
"¿Quiero a mi pareja?"
Sino también:
"¿Cómo me siento yo dentro de esta relación?"
El amor sano no debería hacerte sentir mal ni vacío/a, desconectado/a o emocionalmente solo/a de manera constante.
Si estás aquí ahora leyendo esto y te reconoces en estas palabras, te puedo decir que no eres mala persona por sentir dudas, ni eres egoísta por cuestionarte las cosas, ni tampoco estás obligado/a a tener todas las respuestas ahora mismo.
A veces el amor cambia.
A veces necesita transformarse,
Y a veces necesita terminar.
Lo importante, al final de todo, es no seguir desconectado/a de ti por miedo a mirar la verdad de frente.
💛 Y si este tema resuena contigo, en mi libro Hay más vida después de tu ex profundizo en muchos de estos procesos emocionales: el apego, las relaciones conscientes, el desgaste afectivo, la dependencia emocional y cómo reconstruirte cuando una relación deja de ser un lugar donde sentirte en paz.
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Porque al final, la pregunta no es solo si aún quieres a tu pareja. La pregunta también es:
¿Qué necesitas tú para volver a sentirte vivo/a dentro del amor?
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Lina Tur
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